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El ritual de la pantalla vacía

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FRIK
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Cada mañana hago lo mismo. Desbloqueo el teléfono, deslizo el dedo, miro sin ver. Mi mano se mueve antes de que mi cabeza decida qué busca.

Jung llamaría a esto ritual compulsivo. No el tipo que integra, sino el que adormece. El que hace soportable la ansiedad de existir, aunque sea por unos segundos.

Lo que hacemos con el vacío

La pantalla promete algo que nunca entrega: presencia sin riesgo. Conexión sin vulnerabilidad. Saber sin entender.

Y aquí está el truco: cuando evitamos el vacío, evitamos lo que el vacío podría mostrarnos. La mente odia el silencio porque ahí habla el inconsciente. Es donde los complejos que ignoramos desde hace décadas encuentran micrófono.

La sombra del que se adapta

Nos gusta ser flexibles. Decimos "pivotamos" como si fuera virtud.

Pero adaptarse tiene una cara oscura: dejas atrás lo que eras antes. Cada vez que cambias para encajar en algo nuevo, abandonas algo. A veces es basura que toca tirar. Otras veces es oro que confundiste con chatarra porque era más fácil soltarlo que defenderlo.

El trabajo real no es adaptarte mejor. Es saber qué merece ser adaptado y qué merece que lo defiendas hasta el final.

El miedo a quedar fuera

Hay un pánico colectivo que recorre las conversaciones: el miedo a quedarse atrás. A no entender. A ser irrelevante.

Desde el punto de vista de los arquetipos, esto es el Viejo en su versión patética: el anciano que ya no sabe, el maestro desplazado, el padre que sus hijos ya no consultan. Es una de las figuras más dolorosas del inconsciente porque toca algo real: la obsolescencia.

Pero aquí hay oro. La pregunta que casi nadie se hace: ¿relevante para quién?

La trampa de la velocidad

Vivimos en una cultura que confunde velocidad con progreso. Si es más rápido, es mejor. Si es inmediato, tiene valor.

Jung entendía otra cosa. El alma trabaja despacio. Los sueños no se resuelven en un día. Integrar tu sombra lleva años, no horas. No hay atajos para la individuación.

No es romanticismo. Es observación clínica: lo que crece demasiado rápido tiene raíces débiles.

Un ejercicio

Hoy, antes de tocar cualquier pantalla, prueba esto:

Mira por la ventana. No busques nada. Solo mira. Cuenta hasta diez respiraciones. Después decide si quieres la pantalla o si la necesitas.

La diferencia entre querer y necesitar es donde vive tu libertad.