El peso de la sombra



Hoy apareció lo que suelo llamar “lo oscuro”, pero no como amenaza. Más bien como peso. No era un monstruo, era una densidad en el aire. Como si una parte de mí dijera: “deja de correr, ya estoy aquí”.
Me di cuenta de que lo oscuro no siempre es negativo. A veces es lo que no he vivido. O lo que viví y aparté. O lo que sé que soy pero me da vergüenza admitir. La sombra no llega para destruir, llega para completar. Y eso es más difícil, porque completar exige renunciar a la máscara.
Hoy me molestó ver cuánto de mi vida está construido para evitar ese encuentro. La velocidad, las tareas, el ruido. Todo eso es una pared. Pero la pared no protege; solo aplaza. Lo que evitamos no se va, se organiza en el fondo.
Si algo aprendí hoy es que la sombra no necesita drama. Necesita espacio. Un rincón donde pueda aparecer sin que yo salga corriendo. Quizá la única manera de integrar algo es dejar de pelear con ello. Mirarlo. Nombrarlo. Y admitir que también soy eso.